Estoy perdida del mundo, de verdad es la primera vez que llevo dos días sin pararme a ver las noticias y a no leer el periódico en la facultad, pero realmente no tengo tiempo.
Todo esto me duele más cuando gracias a www.encanoaporlasnubes.blogspot.com me entero de la muerte de Mario Benedetti...¡me ha pillado sin zapatos!¡qué gran pérdida!¡qué gran escritor!
Esto me hace volver años atrás, a las clases de mi "primo", a una edad revoltosa en la que nada podía callarnos, nada menos la voz del profesor recitando poemas del uruguayo...
Pero bueno, siempre hay algo que lees con más cariño y en mi caso fue este cuento, gracias...gracias al menos por dejarnos estos recuerdos.
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió.
Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo.
En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad.
Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
Seguro que me repito con algún bloggero, pero bueno, espero que me lo permitan.
Besos
2 comentarios:
vaya... parece que no sólo mi me ha venido la noticia como uun cubo de agura fría.
Es conmovedor ver en cuantas personas ha sembrado. Es raro, todos los referentes de lo que entendemos como arte de verdad empiezan a morir, me pregunto quién escribirá versos que nos dejen mudos en medio de este mundo descontrolado.
Estaba almorzando con Antonio en el sofá. Han empezado las noticias y he dado un bote que casi tira el plato y el agua. hasta el tenedor que se me ha caido... y el pobre Antonio en su nube francoparlante preguntándose qué cosa me había sucedido de repente.
Vaya, que sensación más extraña, sentirse acompañada de este modo... yo me quedé chocada, y supuse que tú también pues compartimos la poesia de un modo muy especial, verdad? bueno, solo eso. Un beso gordo
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